• Focus Hidalgo

5 TA semana de periodismo en Hidalgo 2022





Queremos gritar nuestra condena contra los atentados que nuestro gremio ha sufrido a lo largo de los últimos sexenios, y de manera muy enfática en el presente, donde se han ahondado las persecuciones contra infinidad de luchadores sociales y contra la libertad de expresión, con un marcado desprecio a los derechos humanos de todos los mexicanos. Y queremos gritarlo en una sola palabra: ¡BASTA!

Los 52 crímenes contra periodistas en lo que va del presente gobierno nos dan la razón, más todos los atentados ocurridos contra compañeros periodistas. Lo que está en marcha es la voluntad de atemorizar, coartar y limitar la libertad de expresión, atemorizarnos para que la censura que nos intentan imponer sea “sólo” autocensura, porque ya se sabemos que si no acatamos entonces se ejercerá la peor de todas: el asesinato, que quedará impune porque no hay un compromiso real de las autoridades, que sólo protegen a los criminales. En boca del subsecretario de Gobernación Alejandro Encinas, admite que de los 52 asesinatos de periodistas ocurridos hasta enero de este 2022, sólo hay cinco sentencias. Es decir, perdemos 10 a 1.

La persecución que se hace desde Palacio Nacional, por el propio presidente, contra periodistas críticos, contra reporteros y columnistas que cuestionan sus obras o la falta de resultados de su gobierno, nos permite entender por qué se ha incrementado la violencia contra los periodistas. La respuesta es simple, porque él mismo los convierte en blancos. Nos pone un círculo en la espalda, cruzada con una X, para que alguno de sus fanáticos, socios, o la delincuencia organizada sea el ejecutor, el que jale el gatillo.

Nunca antes como ahora se ha hecho tan evidente el odio que destilan contra la transparencia, la información y la opinión. No nos engañemos: se quiere acabar con la crítica, con la información, con la opinión, y con quienes se atreven a ejercerla.

Ahí está el caso de Notimex, en una huelga no resuelta desde el 21 de febrero de 2020, y que está a punto de cumplir dos años, y que pese a probar su derecho se le cuestiona cualquier solución. Porque lo que se pretende es cerrarla, porque estorba, como estorban todos aquellos medios de comunicación que no son incondicionales del poder.

No se mata la verdad matando periodistas. Esta frase ha acompañado las diversas manifestaciones y efectivamente, no se mata la verdad, ni tampoco la realidad que se vive en el país, en este y en muchos otros temas.


Una actitud dictatorial jamás tomará en cuenta las otras voces, las otras formas de ver las cosas y tampoco propiciará la construcción de acuerdos, que lleven a una mejor realidad para todas y para todos, no sólo para unos cuantos.


Las campañas de odio desde el gobierno no sólo polarizan a la sociedad en la manera de ver las cosas, también nos divide, nos confronta, nos frustra y nos paraliza. ¡No lo permitamos!


Desde aquí hacemos un llamado de paz tanto a los gobiernos como a la sociedad.


Para el caso de Hidalgo, exigimos congruencia a las autoridades para que dejen de darnos palmaditas en la espalda y cumplan con lo que establece la Ley de Protección a Personas Defensoras de Derechos Humanos y Salvaguarda de los Derechos para el Ejercicio del Periodismo en el Estado.


Exigimos se nombre ya al titular de la Fiscalía de Protección a Periodistas, que tras la renuncia de Héctor Zárate Durón en agosto de 2018, ha estado casi cuatro años acéfala.


No queremos que se sigan acumulando carpetas de investigación que hacen un monumento a la impunidad.


No queremos que el ejercicio de nuestro trabajo tenga una respuesta violenta.


No queremos que la intolerancia prive en la actitud de quienes deberían generar las condiciones para que podamos trabajar libremente, sólo trabajar.


Estamos presentes otra vez, aquí, para ratificar que sin prensa libre no hay Estado democrático, que sin periodistas críticos todo es silencio. Nuestro papel es explicar, revelar, dar sentido a los hechos, y exigir explicaciones.

Esa es la prensa libre que ejercemos, esa es nuestra razón de ser, y sin cuya existencia se impondría el pensamiento único, el que se erige como juez y como verdugo.

Por eso volvemos a gritar ¡BASTA! ¡NO NOS CALLARÁN